lunes, 22 de marzo de 2010

DÍA DEL YARACUY
APORTE ANTROPOLÓGICO PARA
EL MINI-DEBATE DEL LEGISLADOR GAMARRA.
Por Samuel López Castillo
samuellopez33@gmail.com
crónicasyaracuyanas.blogspot.com
Estimado profesor, usted ha instado al debate sobre este tema, razón que me permite comentar algunos extractos de su artículo, intitulado “Día del estado Yaracuy”. Sin embargo, está claro que ese eventual debate será siempre cojitranco, puesto que la decisión ya está tomada y ya fue publicado el número del decreto. Para que una propuesta de debate sea respetuosa es menester que sea concebida con fecha razonable, sin sorpresas, ni ventajas indebidas; con espíritu democrático, es decir, con ciertas condiciones mínimas. De lo contrario es una burla. Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero debemos procurar no decir disparates. Acepto el reto comentando sus asertos.
1.-Cito: “nos han hecho creer que sólo el accionar providencial de un grupo de individualidades que actuaron siempre por encima de una masa inerte, es lo único reconocible y real en nuestra historia”
¿No es lo mismo que critica usted, lo que el CLEY y el gobierno regional pretenden hacer al cambiar pretoriana y drásticamente una fecha conmemorativa, portadora de una ceremonia que los yaracuyanos estamos acostumbrados a realizar en un día ya arraigado en la consciencia popular, sin que medie una plena consulta al pueblo, que ha sido portaestandarte de esa tradición por más de cinco décadas? ¿No es acaso una actitud providencial, pretender arrogarse el derecho a sospechar lo que le conviene al pueblo, cuando el comportamiento de éste, por generaciones, ha sido contrario? ¿No sería más adecuado a nuestras leyes atender al principio “refundante” de democracia participativa y protagónica, haciendo participar al pueblo en estas ejecutorias?
2.-Sobre el pensamiento reaccionario y la crítica a la historia oficial. Usted afirma que los de la historia oficial prefieren reconocer una fecha que es producto de un gobierno conservador, godo y reaccionario. Vamos por parte, ¿cuando ustedes desde sus alturas, deciden cambiar la fecha del día del Yaracuy del 19 por el 28 de marzo, no pretenden implantar una historia oficial? ¿El meollo se reduce, forzosamente, al enfrentamiento de dos visiones oficiales?
Sobre el pensamiento reaccionario, estoy seguro de que éste dejó de ser monopolio de la derecha. Digo que es reaccionario, pretender dar al traste con una tradición arraigada por décadas sin la adecuada consulta ciudadana, sin el más mínimo debate, sin ninguna “inculcación” y sin consulta a la comunidad científica, que son los referentes sociológicos de toda garantía de interpretación históricamente verdadera.
Si algo caracteriza al reaccionario es su pretensión de ser superior a los demás, su resistencia a oír al pueblo, su desconfianza en él. El reaccionario exhibe su desconfianza en las capacidades de la ciudadanía para involucrarse activamente en la gestión de políticas públicas. Se resiste a abrir todos los canales de participación existentes, porque su providencial pensamiento le advierte que la ciudadanía no los empleará; intuye que nuestra cultura política de siglos seguirá reforzando la pasividad, la atomización, el inmovilismo
Esta desconfianza inconfesada y reticente que desde las cúpulas se tiene hacia el pueblo no es nueva en nuestra historia; se nota en los orígenes mismos de nuestras repúblicas. La tuvieron, igualmente, nuestros libertadores y, por tal razón, se les llamó a nuestras revoluciones fundacionales, “revoluciones conservadoras”.
3.-Sobre la ojeriza a las versiones míticas de la historia. Toda sociedad, históricamente determinada, genera una matriz fundante socio-cultural, que constituye el paradigma real epistemológico de todo horizonte semántico significativo, empírico-simbólico e históricamente
comunicable, es decir, produce un fundamento histórico-cultural último. El nombre que la antropología le da a esta realidad última es “mito originario, mito inaugural, mito fundacional o mito de primera vez”
Los antropólogos han afirmado que el ámbito específico del discurso histórico solo podrá ser explicado recurriendo al fundamento histórico de todos los discursos posibles, que no es otro que el discurso originario de los mitos históricos fundacionales. Si los antropólogos, entre otros científicos, vienen defendiendo por décadas el valor cultural de los mitos fundacionales, ¿por qué empeñarse en devaluar y anatemizar lo mítico?
El rechazo a las versiones míticas o cuasi míticas es más una estrechez de miras que una actitud razonable. Son pruebas en contrario los aportes del sicoanálisis freudiano y los aportes del cubano-venezolano López Pedraza. El origen mítico de pueblos como el germano, el romano o el griego no ha sido motivo de ruina o vergüenza para ellos, sino de orgullo.
La prueba de que el mito no es nada despreciable, es el tema que nos ocupa. Nuestras naciones no van a ser mejor o peor porque tengan un origen cuasi mítico o no; sólo van a ser mejor si comprenden el alcance de nuestros mitos fundacionales, que se conocen, también, como “actos de institución”.
En este sentido, la conmemoración del día de Yaracuy, en los términos en que se ha venido realizando a la fecha, es el resultado de un acto de institución que ha funcionado apoyado en una adhesión generalizada; una ceremonia que ha deducido su identidad social concreta de una práctica histórica determinada. Ceremonia que ha logrado consagrar o legitimar una fecha, a operar solemnemente o de manera lícita. Se trata de una ceremonia que ha generado la propiedad de nuestra diferente identidad social, esencializada como límite.
Para resolver este asunto del día de Yaracuy hay que detectar los límites marcadores de la identidad del Yaracuy, que por eso mismo, son diferenciadores con respecto a la identidad de los demás estados; ese será el locus obligado referencial considerado como principio y origen discriminador. Este locus será un a priori social o mito de origen, llamado también mito fundacional, inaugural o de primera vez (prometo desarrollar el tema de los mitos fundacionales si la mítica tolerancia permite un debate real y los lectores no se aburren).
4.-Sobre la poca o ninguna atención a la consagración de las autonomías de los cabildos y municipios de parte de la historia oficial. He dejado en último lugar mi comentario a esta afirmación suya. En mi humilde opinión, la conformación de eso que llaman la yaracuyaneidad, es muy anterior a la ejecutoria zamorana de declarar el Estado Federal de Yaracuy. No es el acto revolucionario de Zamora el que le da nacimiento al gentilicio yaracuyano, al ser yaracuyano. Lo que, ciertamente, hace Zamora, es revestir a la Provincia de Yaracuy de otra cualidad política; pero el germen de la yaracuyaneidad, aunque no lo queramos reconocer, comienza, seguramente, con la lucha emprendida, antes por la ciudad de San Felipe, y posteriormente, por su cabildo, aspectos que la cima de su oficialidad pretende ocultar.
No estoy en contra de reivindicar a Zamora, ni a favor de su descontextualización. Me considero un zamorano con dudas, pero sin mala fe.
5.-La ciudad y el pueblo, por su parte, sobreviven a la arrogancia de sus tiranos; por Roma y Rusia pasaron muchos y éstas siguen de pie. La política es un asunto demasiado serio para dejarla sólo en manos de los políticos.
6.-Es indefectible consultar al destinatario de toda política; al ser humano de carne y hueso. Me resisto a una cultura y estilo políticos por encima del individuo, para atormentar al prójimo.

lunes, 1 de marzo de 2010

EL POTE NAVIDEÑO, OTRO TRIBUTO


Por  Samuel López Castillo
Participante del Diplomado Cronistas del Siglo XXI
Gilberto Antolínez
de la Universidad Experimental del Yaracuy (UNEY)


Es quince de noviembre y hay lluvias; lluvias repentinas como sólo hay en San Felipe. El sol escondido detrás de cada nube y éstas se apresuran a desparramarse sobre nuestras ropas pegajosas. Uno tiene que meterse a saltamontes cuando en esta metrópolis llueve, o más bien, a saltacharcos. Las calles, que han acusado bastante la obsolescencia de drenajes y alcantarillados, se convierten en ríos a cada chubasco. A mí me ocurre que siempre que salgo a comprar algo, llueve; claro, siempre salgo después de mediodía. “Bajando por la trece,” como nosotros anda la lluvia.
Yo voy al comercio, a lo de siempre; cruzo la esquina de la doce con sexta, la “esquina de la trampa”, la de los leguleyos, la de los tipos esos que cobran igual o más que un abogado, pero arreglan cualquier entuerto legal; ellos saben lo que los abogados no pudieron aprender en la universidad: son expertos en relaciones públicas de institutos públicos y hasta los jueces utilizan sus servicios y le encargan mandados. Los picapleitos son tantos que en ocasiones es difícil ver al vendedor de yuca y al de quinchoncho.
Escucho varias voces decir ¡pooteee! ¡potee! ¡pooteee!
Me asomo a la carnicería y observo a un despachador pronunciar la misma palabreja, al tiempo que introduce un billete de dos bolívares en una especie de hucha o alcancía hecha con un pote plástico forrado con papel navideño, verde-rojo con animalitos árticos y cornudos y el respectivo trineo. Esta constatación me advierte que está próxima la navidad.
Me pareció que la estampa estaba incompleta y sugerí a la dueña que colocara una de esas canciones que en navidad  nos recuerdan, “con una lágrima en la garganta,” a nuestra madre. La propietaria me complació y adicionó que “madre solo hay una”. Todos tarareamos la canción, incluidos clientes y transeúntes y caí en cuenta de que mi única madre esperaba por mi compra.
Hice el pedido y entré en cavilaciones sobre esta costumbre de colocar huchas en los expendios. Se me ocurrió que este pote es  heredero hipertrofiado del cochinito, familia de la propina; sólo que el limpio no da propinas. Más correcto es decir que el pote es familia del aguinaldo. Cual hijo del aguinaldo, el pote ha venido obedeciendo a la lógica de aquél y ahora en casi todos los comercios de la ciudad el pote aparece en la misma fecha en que empiezan a pagar los aguinaldos. Sólo los comerciantes tímidos se quedan en la prehistoria, es decir, con el pequeño y modesto cochinito, pues el tal pote tiene hoy la capacidad de un galón.
El pote, diría Niestzsche, o tiene historia o tiene definición. Por ser pertinente su historia, señalemos que este hábito se expresa así: a) En algunos casos el despachador le pide expresamente al comprador que colabore con el pote; b) En otros le preguntará que si no va a colaborar; c) El vendedor comienza a gritar la palabreja a fin de que el comprador no olvide que ahí, exactamente frente a sus ojos, espera paciente el pote; d) Hay dependientes que empiezan a golpear tan fuerte al pote ante la indiferencia del comprador, que éste termina compelido a “colaborar”, es decir a devolver su vuelto.
-Fíjese en mi caso, Sr. Samuel, yo voy a la carnicería muchas veces porque uno el pobre compra al detal. Uno no  puede hacer un mercado grande. Mire, si yo cayera en la trampita esa del pote cada vez que fuera a comprar los bistecitos, imagínese cuántas veces tendría que meterle plata a la garrafa esa  hasta que llegue la navidad. Sr. Samuel, por la Segunda Avenida hay una ferretería donde hay un pote del tamaño de una garrafa por cada vendedor, y en la otra ferretería hay una mujer que cuando ve que uno se hace el loco le da golpes al pote como un tambor. Ahí es cuando todo el mundo se fija en uno. Yo en esos casos es cuando menos me bajaba de la mula.
Los comerciantes de mi ciudad se aferran a eso del pote para compensar, en navidad, los bajos sueldos que cancelan a sus trabajadores. Con esta estratagema crean una supuesta apariencia de tradicional familiaridad e, indirectamente, “pagan” un incentivo que reparten entre los trabajadores.
La idea no sería detestable si no fuese por el hecho de que esta “generosidad” se convierte a la larga en un tributo adicional contra el consumidor (el IVA navideño). Estoy convencido de la insania de esta práctica. Por lo que a mí respecta me acojo al estatuto, verdaderamente tradicional, de que el comerciante debe procurar agradar a sus clientes y estimularlo, tal como se hacía en otros tiempos cuando, contrariamente a lo de hoy, el comerciante repartía obsequios entre sus mejores clientes. Hoy la cosa es distinta, pues el consumidor además de cancelar lo comprado, debe (esta espuria costumbre es impositiva) echarle al fulano pote, con lo cual paga dos veces. Esta es la lógica del consumismo, de la cultura de masas, de la manipulación cursi, pero jamás de la solidaridad religiosa: hay quienes le colocan al pote una imagen de Jesucristo o de la virgen local, de modo que si usted no “colabora” estaría atentando contra la mismísima voluntad de Dios.
-Señor Samuel, yo varias veces le llegué a echar al pote y vea que como en casi todos los negocios hay, tuve que tomar una decisión salomónica; ahora yo también cargo mi pote aforrado con una imagen de José Gregorio Hernández y, así, cada vez que algún comerciante me enseña su pote, yo le muestro el mío y quedamos tabla. Mi pote jamás será tan pesado como el de ellos, pero me sirve de “contra”.

sábado, 27 de febrero de 2010

LA UNEY Y EL CONSEJO LEGISLATIVO,

LA UNEY Y EL CONSEJO LEGISLATIVO
Por Samuel López Castillo
cronicasyaracuyanas.blogspot.com

“Lo que convierte a la constitución en un elemento capital del derecho no son esas pomposas declaraciones, ni todo el solemne texto lingüístico (que no faltan en países que carecen de auténtico derecho), sino la voluntad del estado, de los partidos y de los ciudadanos en hacerla operativa. Son ellos con el esfuerzo de  cada día--y no las cortes constituyentes de una vez  por todas---los que  hacen de veras la constitución.”
Crítica de la Razón Jurídica
Alejandro Nieto. Edit. Trotta. 2007.

L
os frecuentes abusos de poder cometidos por el Consejo Legislativo del Estado Yaracuy parecieran dar a entender que estamos en presencia de una suerte de derecho longobardo en abierta contradicción con la Constitución Nacional.
Fue Odofredus, del siglo XIII, quien nos da idea de este sortilegio jurídico cuando nos dice: “En la legislación longobarda no hay ni Ley ni Razón; es sencillamente una especie de derecho que hacían los reyes de por sí”. Longobarda parece ser a la doctrina de arbitrariedades asentada por el Consejo Legislativo del Estado Yaracuy.
Entremos en liza. Nuevamente el Consejo Legislativo ha pretendido interpelar al rector de la UNEY Freddy Castillo Castellanos. Si atendemos a los hechos, diríamos que los legisladores son reincidentes, con lo cual su seriedad se nos presenta sospechosa.
Como es del conocimiento público, los legisladores escenificaron una ópera bufa con el propósito inconfesable, pero ostensible, de crear un caos para ponerle las manos a la UNEY.
Ciertamente, el consejo legislativo, como órgano del Estado tiene a su cargo un deber genérico de prevención. Pero ese poder genérico debe actualizarse siempre dentro del ámbito de sus competencias legalmente atribuidas. Esto quiere decir que el consejo legislativo, siempre que tenga conocimiento de un hecho ilícito cometido por funcionario público de niveles territorialmente distintos al nivel estadal, solo puede actuar remitiendo las denuncias a los órganos competentes, pero no puede abrir una investigación y menos violar en ella el derecho a la defensa.
Cuando el consejo legislativo sesiona para hacer público asuntos para los cuales no tiene competencia legal, incurre en un evidente abuso del derecho. Extralimitación de atribuciones (incompetencia grave y manifiesta), usurpación de funciones, desviación de poder (razón inconfesable y violación del principio de proporcionalidad), falso supuesto de hecho (abuso de poder), ausencia de base legal, violación del principio de legalidad, e inconstitucionalidad son vicios evidentes en este caso.
Sostengo que este consejo no tiene competencia legal para investigar al mencionado rector, así como tampoco la tiene para investigar a la Fiscala Superior o a la Presidenta del Circuito Judicial Penal; tampoco la ha tenido para interpelar al Director Regional del SENIFA, ciudadano Simón Camacho, tal como pretendieron hacerlo en el pasado; asunto que por demás fue público y notorio y, donde, por cierto, este ciudadano no compareció.
Las aberraciones indicadas son las que día a día persiguen convertir a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y a las Leyes vigentes en chatarra legal. En instrumentos que existen, pero ni los llamados a cumplirlos los acatan, más bien los arrinconan en el estercolero.
Todos los ciudadanos estamos en el deber de hacerle saber a estos legisladores que están fuera del marco de la legalidad. Yo hablo por mí, lo que no es poco, puesto que detrás de mis palabras estoy yo. ¿Dónde están los intelectuales de este estado? Digo intelectuales porque escritores hay muchos.
Si Sartre responsabilizó a Flaubert y a Goncourt de la represión que siguió a las comunas porque no escribieron ni una sola letra para impedirla, yo responsabilizo a quienes callen.
El Consejo legislativo olvida que toda función pública implica una responsabilidad política y que cualquier servicio de utilidad ciudadana implica una moral cívica. Entre el voluntarismo y el talento opto por este último.

viernes, 26 de febrero de 2010

LA GASTRITIS DE DIXON ROJAS Por Samuel López



un ser poseído por  una creencia y que  no buscase  comunicársela a  otros es un fenómeno extraño en la tierra, donde la obsesión de  la salvación vuelve  la vida  irrespirable…”
(Emil  M.  Cioran 1 )

 “Cualquier desprecio si ocurre en política prepara o  instaura  el fascismo
”(Albert Camus)
El delito mayor del hombre  es  haber  nacido
.(Calderón, La vida es un sueño)

Antes de entrar al tema quisiera hacer algunas advertencias: En primer lugar no creo en la Llamada “crítica constructiva”. La verdadera critica es siempre destructiva, falsacionista. La crítica constructiva” no es nunca crítica sino una forma disimulada de jalamecatismo. El pensamiento es destrucción en su esencia. Más exactamente: en su principio. Se piensa, se comienza a pensar, para romper los lazos, disolver las afinidades, comprender la armazón de lo real. Solo después, cuando el trabajo de zapa está muy avanzado, el pensamiento se repliega y se insurge  contra su movimiento natural. La segunda advertencia es que desde hace algún tiempo vengo sosteniendo la posición de que las ideas no merecen respeto alguno, fundamentado en la convicción de que el destino natural de de las ideas es la crítica. De lo contrario dejarían de ser ideas para que mis ideas sean seguidas por nadie; no busco formar escuela ni tener adeptos: que no me sigan los buenos ni los malos.

No me hubiera atrevido a escribir esta especie de contestación al querido poeta y amigo Dixon Rojas sino estuviera motivado por el hecho de haber conseguido a varios de mis  amigos, a los cuales considero personas “pensantes,” en flagrante delito. ¿Has leído el escrito del poeta Dixon Rojas2? Me preguntaron más de una vez. Que ¿en qué consiste la falta? Pues, en aplaudir el escrito en cuestión sin la mayor reflexión, de manera acrítica y servil.
Confieso que a mí, desde la primera lectura, me pareció más de lo mismo. Se trata, sin duda, de algunas verdades de Perogrullo y de lugares comunes escrito en elegante prosa (La  naturaleza propia de los lugares comunes es que están destinados a agradar).
Obsesionado por salvarnos y arréglanos la vida el pensador no escatima en contradicciones, anacronismos; ataques a la modernidad y al estado constitucional de derecho y de justicia, al tiempo que evidencia su desprecio por los derechos humanos.
La primera contradicción que salta a la vista es la incompatibilidad del epígrafe de Cobo Borda3  con el lamento contenido en primer párrafo respecto de  La descomposición creciente en el orden de las costumbres creadoras. Veamos,  si hemos de creer al epígrafe comentado, en el sentido de que este país está mal hecho, cuya tradición son los errores y en el cual sólo quedan chistes de café, caspa y baba, entonces qué sentido tiene que en el primer párrafo el poeta se lamente por una fulana descomposición creciente en el orden de las costumbres creadoras.
En qué quedamos, pues, ¿Hay o no hay  costumbres creadoras o hay chistes de café, caspa y baba? ¿Si solo hay chistes de café, caspa y baba qué sentido tendría, además, lamentarse de nuestra supuesta involución cultural? Con razón dicen por ahí que pensamiento que no se contradice está muerto.
Otro aspecto importante es que en este primer párrafo se anuncia un injerto entre represión y libertinaje. Pero en ninguna parte el articulista desarrolla el tema de la represión. Pretendiendo denunciar la existencia de represión al mismo tiempo nada dice expresamente sobre ella. Pero por otro lado, cual fantasma ,lo que si se asoma es la naturaleza represiva del escrito, la cual se evidencia en su elogio del decreto de pena de muerte que dictara el Libertador en contra de los corruptos en el siglo antepasado y el elogio a las tristemente celebres cruzadas del cristianismo medioeval. Este aspecto para el  público lego (al que pareciera estar dirigido es escrito), es decir no experto en cuestiones criminológicas pasara seguramente inadvertido; pero no debería ocurrir lo mismo  para  alguien que se precie de ser abogado. Hay en este escrito un discurso  criminológico evidente: se señalan algunos  males en torno a cuestiones penales y al mismo tiempo asoma soluciones. Como se sabe, cada discurso criminológico persigue dar una explicación totalizante de las lacras sociales y, en esa explicación, va siempre implícita la ideología de la institución que lo profesa.
En el caso que nos ocupa sería interesante saber si alguien está detrás de este discurso o si sólo es una boutade del poeta.
Ahora bien, qué clase de discurso criminológico es el de Dixon. No cabe duda que si hemos de valorarlo por su nostalgia del decreto de pena de muerte y la institución de las cruzadas, es obvio que estamos ante un discurso criminológico anacrónico; se trata, sin dudas de un remozamiento del discurso criminológico pre-positivista y autoritario, propio de una mentalidad burguesa y represiva.
La nostalgia por el decreto de muerte a los corruptos (muerte del Infractor) tiene un nombre propio en la criminología: se llama  Expiacionismo prerrevolucionario del siglo XVIII o neutralización garofaliana de comienzos del XX.
Como quiera que según el filosofó hispánico Fernando Sabater, hasta los abogados somos maestros, según él, de tercera o de quinta categoría, pero maestros al fin, me voy a permitir una breve reseña del algunos discursos criminológicos. El primer discurso criminológico que apareció con intenciones totalizantes y que fue ejercido por todas las instancias de poder, además de haber sido ejercido, principalmente por su creadora, la iglesia cristiana, es el discurso criminológico de la inquisición. Todos sabemos que este discurso, fue primariamente misógino. El mencionado aparato es el primer sistema de control social punitivo, cuya principal característica fue, que primero se impuso y luego se explicó. Luego se refinó hasta legitimar la violencia y, está claro, que las cruzadas fueron unos de sus soportes teórico- prácticos.
Este primer discurso metodológico produjo una obra de finísima elaboración técnica y extraordinaria coherencia, el malleus maleficarum o martillo de la brujas.
De los autores del malleus se conoce que fueron dos inquisidores que concentraron en si las cualidades de jueces, policías, médicos  sanitaristas, meteorólogos, agrónomos, juristas y legisladores y, se dice, además que jugaban a teólogo y filósofos. En pocas palabras los  autores de malleus fueron los operadores de una gran  agencia pública que decidía la vida y la muerte de las personas, que acumulaba las funciones que luego repartía entre otras muchas instituciones. De ese tronco común se especializaron las demás agencias de control punitivo. Se trataba de un estado administrador de la muerte.
La desorganización social como discurso criminológico. Una lectura atenta del artículo de marras nos permitiría entrever otros discursos criminológicos camuflados. Veamos, un discurso conocido en criminología es el de la desorganización social. Este discurso, que tiene su origen en la sociología norteamericana de comienzos del siglo XX, se expresa comúnmente así: La culpa del crimen está en la destrucción de la familia y de los valores tradicionales (¿cualquier parecido  con la frase descomposición creciente en el orden de las costumbres creadoras, al tiempo que hay un país de picaros, arribistas, trepadores, chulos, genuflexos y patanes, drogadictos, corruptos es pura casualidad?). Este discurso criminológico hace mucho que ha sido abandonado por la criminología por su palmaria vaguedad. Resulta contradictorio que se asuma a ratos este discurso y que,  al mismo tiempo, se pretenda asumir un discurso fundado en la ética, pues, si atendemos al discurso de  la desorganización social llegaríamos al extremo de exculpar a priori de sus crímenes al infractor: Ello es una gran contradicción puesto que el principio ético informa “que cada cual cumpla con su deber aunque los demás no lo hagan”.
La pregunta obligada es ¿A cuál discurso creer? Si hacemos caso a Zaffaroni4 pareciéramos estar frente al criminólogo sabio que hace suyas todas  las opiniones, sólo que sin desarrollarlas hasta sus consecuencias últimas.
En mi opinión la presencia de varios discursos criminológicos no constituye otra cosa que una banalización del problema que ha querido plantearse
Otra gran contradicción del poeta Dixon Rojas es que nos convoca, en su decir, a una tarea difícil y no fácil, al tiempo habla de cruzadas y de decretos de muerte. Al poeta se le olvida que la tarea de las cruzadas y de la inquisición era, ciertamente, una tarea fácil. Me explico, salvo algunos pensadores ostensiblemente reaccionarios, todos los estudiosos están contestes en afirmar que la tarea emprendida por la inquisición, la de administrar la muerte del individuo, era más fácil que la contraria, es decir, que la de administrar la vida del público. Citemos a Zaffaaroni4:
“A medida que  fue operando el paso de la administración de la muerte de individuos a la de la vida del público, fue necesario distribuir las funciones que asumía la inquisición en el siglo XV, en agencias especializadas. La inquisición podía asumirlas todas, porque es mucho más sencillo administrar la muerte que la vida. La tarea de matar o dejar vivir puede hacerla una única agencia, que retenga el poder o gran parte de éste, pero cuando se trata de organizar la vida del público, la cuestión se complica en extremo y, cuando mas quiere regular el Señor la vida de sus súbditos mayor especialización requiere de sus colaboradores para atender todos los aspectos que pretende abarcar” 
Nos asaltará siempre la duda de saber si son ingenuas las nostalgias de Dixon por el decreto de muerte y las cruzadas. Por lo que a mí respecta, a no ser por el beneficio de la duda, debería estar obligado a descreer de ello, en razón de que, tanto los decretos de muerte y las cruzadas, de solo nombrarlas, generan terror, y miedo y, como bien afirmó el gran Sartre, el miedo suspende la razón, lleva a la parálisis.
Si hemos de creer a Sartre, quien está aterrado no puede pensar ni moverse (está como la tierra), sufre un remedo de la muerte, renueva la vivencia del barro originario, está anonadado (vuelve a la nada), confunde la señal con lo señalado, el dibujo con lo dibujado, el nombre con la cosa.
En este orden de ideas ¿ será lícito pensar que el poeta Dixon desconozca que, desde tiempos inmemoriales el poder se ha ejercido, principalmente administrando miedos, estimulándolos con la magnificación de peligros, o rebajándolos con su subestimación?.
Otra contradicción del artículo es que convoca, en la tarea de salvarnos del despeñadero patrio, entre otros titanes, a los criminólogos. Precisamente, la criminología es la ciencia encargada de enervar los fundamentos del artículo, pues  la criminología es el análisis crítico de los saberes no estrictamente jurídicos acerca de la cuestión criminal, para reducir los niveles de violencia a ella vinculados.
La criminología, precisamente, le restará seriedad a un planteamiento actual nostálgico de decretos de muerte y de cruzadas por su ostensible violencia.
En conclusión no creo que ningún criminólogo o filósofo o poeta serio se pueda sentir convocado por ese escrito, pero creo que si lo podrían sentir muchos religiosos y militares, tan acostumbrados a la administración de terrores.
El discurso de la violencia (administración de miedos) es antiguo y toma varios disfraces: decreto de muerte, cruzadas, leyes o decretos cero tolerancia ( ¿se acuerdan de Lapi y de Alfredo Peña?); guerra contra el hampa, muerte a los golpista( David Morales  Bello), pena de muerte al delincuente (José Curiel, ex gobernador de Falcón), sicariato  de campesinos, de sindicalistas, de cualquiera.
RESPECTO DE DEVOLVERLE A VENEZUELA LO QUE CON TANTA SANGRE LOGRÒ EN LA GESTA EMANCIPADORA
Usted ha podido ser más explicito, ya que esta frase es a todas luces ambigua. Convengamos en que Bolívar libertó varias naciones, entre ellas Venezuela. Pero esa formidable hazaña nos dejó un país económicamente arruinado, devastado por la guerra misma.
Lo cierto es que la construcción de la nación venezolana es un hecho posterior a la emancipación y además complejo. Tal expresión sería correcta si entendemos por gesta emancipadora todos los acontecimientos que tuvieron lugar dentro del periodo comprendido entre 1810  y 1830.  Son los años en los cuales se definió el nacimiento de Venezuela como entidad independiente. Allí Venezuela dejo de ser provincia del imperio español y comenzó la difícil, comprometedora y contradictoria tarea de edificar una nueva nación orientada por principios republicanos en los que se procuró dejar atrás los valores del  ancien régimen.
Los sucesos que ocurrieron en este periodo marcaron la vida de los venezolanos. Pasamos de súbditos de la corona a la cualidad de ciudadanos. Vimos abolir algunos fueros y privilegios. Se inició el ejercicio del voto. Todo eso es verdad,. Pero también hubo un agobiante y dramático descalabro económico, pérdidas materiales de ingentes proporciones y, algo más dramático aun, los sectores desposeídos no vieron mejorar sus condiciones de vida. Sumado a ello la población disminuyó a proporciones inimaginables. En fin, carencias de todo pelaje, calamidades y enfermedades fueron el día a día de los venezolanos en esos años de violencia y guerra.
No, querido poeta, No se trata de exaltar el hecho aislado de la gesta emancipadora (esta ha sido la actitud tradicional del status Quo ante o cuarta República).
Permítame disentir, pues estoy seguro de que si nuestra historiografía oficial y privada se hubiera encargado de historiar al hombre de carne y hueso de esos días gloriosos, con la misma pasión con la que se ha rendido el culto a los héroes, estoy seguro de que hoy por hoy, ningún venezolano de a pie va a querer devolverse a esos fatídicos días.
No hay que ser muy estudioso para percatarse de que durante y después de la gesta emancipadora, el pueblo venezolano ha pegado muy pocas. Percátese, además de que esas lacras de las que tanto se queja siempre han existido en nuestra patria, con la anuencia de los integrados y muy a pesar de los apocalípticos de viejo y nuevo cuño.
Yo juzgo conveniente echar una mirada a la historiografía de las últimas cuatro décadas del siglo pasado hasta hoy para informarnos de que han surgido numerosos y calificados estudios que de manera crítica y responsable han problematizado y develado la complejidad y contradicciones que implicó el proceso de independencia.
Mi dilecto amigo, en los tiempos que corren juzgo ilícito ofrecer miradas uniformes sobre nuestro pasado, así como insistir en aquellos tópicos y convenciones que por más de un siglo forjaron el discurso pretendidamente inmutable de la llamada historia patria.
SOBRE EL PAIS DE LOS PÌCAROS Y LA LITERATURA PICAREZCA
A mí, particularmente, me desagrada que me recomienden libros. Por  lo general, a uno siempre le recomiendan el menos indicado. Al leer su escrito siento parejo estado de ánimo, porque, conviniendo en el carácter clásico de La Celestina y del Diablo Cojuelo, para reconocernos a nosotros mismos,  hay abundante literatura en Venezuela: Desde Antonio Arráiz, pasando por Mario Briceño Iragorri, Mariano Picón Salas, Arturo Uslar Pietri, José Ignacio Cabrujas, Rafael Arráiz Lucca y, recientemente el formidable libro (no lo estoy recomendando) de Axel Capriles, intitulado “LA PICARDIA  DEL VENEZOLANO Y EL TRIUNFO DE  TIO  CONEJO” que tiene pocos meses en el mercado.
Poeta Dixon, no es reviviendo desechadas antiguallas como vamos mejorar nuestra condición actual. Soy partidario de una tarea distinta. El bien más codiciable por su efecto transformador es el saber. Lo primero que hay que hacer es democratizar el conocimiento.
Si pudiéramos lograr que el veinte por ciento (es una referencia) de los incluidos no ejerza el monopolio del saber, tendríamos dos posibles escenarios: a) se le habría quitado el poder o, b) se le estaría disputando el poder.
Este es, en mi opinión, el campo a disputar. Ahora bien, para impulsar la nueva dialéctica entre excluidos e incluidos hay que garantizar condiciones mínimas de alimentación, salud e instrucción para los excluidos. Este no es un objetivo imposible (quien dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón...)
La sociedad cuenta con herramientas para asegurar la supervivencia de los excluidos y la instrucción necesaria para aprovechar la información. Si poder es saber, ese empoderamiento del saber permitiría la competencia con los incluidos, su empleo referencial y contracultural respecto de los incluidos y el surgimiento de nuevas culturas conformes a nuevas normas para utilización del poder.
Frente a una cultura de la violencia prefiero oponer el saber dialogal del frater. Lo urgente es una coalición de excluidos a fin de evitar la sacralización de la discriminación. Eso es lo que quiero entender cuando afirma “contra esa realidad nos vamos a levantar nosotros”.
Levantarse contra debe entenderse como fraternizar, coaligarse. De lo contrario volveríamos a las soluciones fáciles.
Mucho jugo gástrico y poco alimento.
SAMUEL LOPEZ
CI. 8513.325
1         Filosofo Rumano que escribió la mayor parte de su obra en francés (Silogismos de  la  Amargura, Desgarradura, el Aciago Demiurgo, el libro de las quimeras y el ocaso del pensamiento  son algunas de sus obras.
2         El artículo fue publicado en dos oportunidades por el diario Yaracuy al Día: El  04 de julio de 2009  con el nombre de  “Crónica  para un país decadente y, con el nombre de “Crónica de un país portátil, el domingo 12 de julio de  2009.
3         Si no me equivoco  s refiere  a Gustavo cobo borda, gran Poeta colombiano.
4         EN TORNO  DE  LA CUESTIÓN PENAL. Eugenio Raúl Zaffaroni, Editorial B de F.


FLORES  AMARILLAS  PARA  UN NUEVO LIBRO DE  DAVID  FIGUEROA FIGUEROA
Por  Samuel López  Castillo

“Las revoluciones triunfan cuando las preparan los poetas y los pintores,
siempre que los poetas y los pintores sepan cuál ha de ser  su papel”
Giaime Pintor, La sangre de Europa, 1950.

Seguro estoy de no decir nada nuevo cuando afirmo que DAVID FIGUEROA FIGUEROA es un intelectual. Tampoco invento el agua tibia cuando afirmo que es un escritor comprometido. Pero DAVID FIGUEROA es algo más que eso; es un intelectual  incómodo por el hecho cierto de vivir afirmando a cada momento su libertad de pensamiento, su crítica. Es un poeta bobbiano en el sentido de que no renuncia a su empeño de sembrar dudas antes que recoger certezas y, lo más seguro (la opinión es mía) es que quizás, sin proponérselo, esté más cercano a su naturaleza de sabio, de docto o de clerc, su propensión a crear crisis en vez de pretender resolverlas.
El verdadero intelectual, el de la talla de David Figueroa, va a ser siempre un intelectual incómodo; será siempre un sujeto crítico más que propagandístico. El poeta Figueroa no es que se ha rehusado a tocar el pifano de la revolución, muy probablemente o toque a ratos. Es importante resaltar que su actividad no se queda ahì. Ha escrito un libro, “LA POESÍA  CON SUS PUPILAS MILENARIAS”, no para  resolvernos La Cuestión Palestina, sino para cantarnos a Palestina, para permitirnos verla a través de la transfiguración de la palabra, que es el método poético. Esta trasfiguración de la palabra es también un instrumento contestatario que nos da la oportunidad, como intelectuales, de oponernos a los procedimientos falseadores y razonamientos viciados del pretendido “pensamiento único sistémico-globalizador”. Nos permite, además  no aceptar los términos de la lucha en la forma que nos la muestra el pensamiento totalizante del neoliberalismo salvaje; nos permite a su vez discutirlos y someterlos a la crítica de la razón.
Si el primer deber del intelectual es hablar contra el partido en el que está, aun a costa de ser fusilado en el primer embate, ¿Cómo no usar el material político para hacer una poesía que nos desnude la crueldad y la inhumanidad de los sedicentes amos del mundo?
Se suele creer(es una idea vaga) que el escritor está desconectado del mundo y que por esa razón nunca tiene los pies sobre la tierra. El asunto no es del todo cierto; lo demuestra este libro de Figueroa que hoy bautizamos. A este lugar común le puedo salir al paso con una metáfora de Ítalo Calvino, a saber, la del intelectual participando subido a un árbol, que no es lo mismo que mirando los toros desde la talanquera. La obra de Calvino a la que me refiero se  llama “El Barón Rampante” (1957). En ella, el protagonista, Cosimo Piovasco di Rondó, no elude las obligaciones que su época le impone; participa en los grandes acontecimientos históricos de su tiempo, pero intentando siempre mantener la distancia crítica (frente a sus propios compañeros) lo cual lo permite el hecho de estar subido a los árboles.
Es muy probable que el personaje de Calvino no tenga la “ventaja” de tocar con los pies el suelo, pero es pensable que gane en amplitud de miras. El personaje calviniano no está subido a los arboles para eludir sus responsabilidades y compromisos, sino que está convencido de que su deber, para no ser vizconde demediado o caballero inexistente, es ser ágilmente rampante.
Si en el pasado Rubén Darío clasificara a los poetas en poetas secos y poetas húmedos, hoy (gracias a este cuento filosófico de Calvino) habría que agregar a esas y otras clasificaciones conocidas, la siguiente: poetas rampantes y poetas aterrados. Afortunadamente el poeta Figueroa es rampante y húmedo. Razón que me adhiere a quienes ofrezcan flores amarillas a este libro y a los del brindis. Buenos días.


sábado, 20 de febrero de 2010

LA LÍRICA MORTAL DE CÉSAR BAPTISTA
Samuel López Castillo


 Eugenio Trias Sagnier, filósofo
Y a Rafael Garrido, Poeta, dedico:

Lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía
podemos soportar
Rainer María Rilke.


S
i hemos de creer a Cioran, para quien un libro tenía que hurgar en las heridas, e incluso provocarlas, entonces el Algebra de la Inmundicia (Editorial Horizonte. C.A. Barquisimeto. 2007) de César Baptista, cumple con el canon. ¿Pero en qué clase de heridas hurga el libro baptistiano  y qué heridas  provoca?

Esta poética producirá ciertamente heridas en el lector, pero sólo a condición de que éste sea un hombre lúcido. Su poesía hurga en nuestras heridas, rebusca en la genealogía de nuestras desdichas; esas que nos vienen infiriendo desde hace milenios; las heridas producidas por un idealismo que ha pretendido reducir y sepultar al hombre como condición necesaria para poder salvarlo, que lo responsabiliza por crímenes que no ha cometido, le inflige sufrimientos y luego le promete paraísos. Baptista escribe, intuyo, más porque tiene ganas de decir que porque tenga algo que decir. La consciencia de escribir para pocos o para sí mismo pareciera ser el propósito en esta escritura llena de ironía lacerante, perturbadora de  la necedad:
“Cuántos libros, cuántos profetas, cuántas escuelas/ y todos siguen tan normales ¡"
Hay en su poesía temas recurrentes, donde lo inmundo es lo prohibido: Un Dios sordo, que es a veces azotado por el terror de las plegarias de tantos desangelados. La soledad como principio, como postura fundante. El coraje, esa determinación de no transigir ante la mediocridad; suerte de inteligencia beligerante. Así mismo, son temas recurrentes en esta escritura la díada amor–odio, el “hombre espiritual”, La moral del trabajo, que bien entendida no es otra cosa que la moral de los esclavos; la del poder y los poderosos, entre otros. Todo ello convierte, creo, a Baptista en un escritor “raro”, pues no se propone salvar a nadie, ni escribir recetarios para el alma; más bien, poesía de desgarramiento, de agravios pero jamás de autoayuda. Los efectos de esta poesía, para el lúcido serán siempre de deslinde, de rompimiento con la moral imperante: la del éxito, la del dinero, la del culto a la personalidad, tan común a políticos y prelados; la moral magnificadora de las creencias.
 El hombre vaciado de sentido, muy probablemente, no leerá esas páginas:
“Qué habéis leído ¡ Qué habéis leído?/ Ni necios ni tontos ni idiotas saben ni pueden leer”.

Algebra de la Inmundicia es abstracción poética que evidencia las rancias reglas que pretenden transformar las igualdades de lo humano. Acá el tabú es materia poética y, por tanto, herida inferida a la cultura de lo normal.
“Mejor, mejor, mucho mejor es el odio/ el mejor amor es el odio”.
Se trata de una poesía que es capaz de reconocer la belleza en la imperfección; que posibilita una estética nutrida de la inmundicia; estética que da cabida y es producto, a la vez, de desusadas formas de pensamiento. Poesía que nos permite encontrar lo sublime en temas y situaciones tradicionalmente conceptuadas de manera negativa o caótica. La poesía de Baptista evidencia lo siniestro que pugna por permanecer oculto en nosotros. En ese sentido es una poesía transgresora y, también, poesía  filosófica o suerte de razón poética.
No va a ser fácil aprehender este lenguaje, tomando en cuenta que, en la subcultura de la cultura, generalmente leemos a los escritores después de que han triunfado en el exterior o después de que un escritor “mayor” descubra” que el nacimiento del escritor, amén de que ciertos poetas suelen adelantarse a sus épocas. Sin embargo, un Baptista sería menester en cada generación para que la humanidad no se escorase indefectiblemente hacia la estupidez
Como en el poema del español Luis García Montero “El hombre de ojos encendidos se hiere con las rosas académicas…”  Parecieran “poemas que se escapan a la página, / versos que llegan a la cima/ de una mirada en vilo, / alguien que deja los apuntes/ y los libros de textos, / para cerrar las manos hasta herirse/ con otra rosa viva/mucho más inclemente.” Para finalmente decir: “Buenos días, soy yo, he terminado”.

PANMORALISMO
Por Samuel López Castillo
Abogado (UC), Tesorero del Colegio de Abogados
 de Yaracuy


 Un pensador que  oyera pudrirse una idea.”
Emil M. Cioran,
El Ocaso del Pensamiento.

“hostigar  a los moralistas para que descubran su corazón,
y hacer caer sobre ellos la cólera implacable de las alturas”.
Conde de Lautreamont .
Cantos de Mardoror, Canto 1º,4º


U
n sabio local dijo: “Toda crítica es en primera instancia un acto moral”. Sostengo, en cambio, que toda crítica debiera ser un asunto normal. Repito: la crítica es el destino natural de las ideas, que una vez proferidas, Es decir, convertidas en opinión, ya no nos pertenecen; dejan de ser nuestras para convertirse en comidilla de los otros.
Sostener que las ideas nos pertenecen es el fetichismo conceptual del sabio
Distinto es que las opiniones no puedan digerirse, ya sea porque son indigeribles o porque el interlocutor no esté en condiciones de digerirlas (por gastritis quizás). Las dos cosas suelen ocurrir ordinariamente.
Cuando quien opina rehuye la critica suele decir: “hay que respetar las opiniones de los demás”, “soy respetuoso de las opiniones ajenas” y hasta ese hipócrita “respeto pero no comparto”.
Estas frases, cuando no esconden el miedo a la crítica, van detrás del indulto a la  propia necedad. Ocurre, además, que para evitar ser criticado, el crítico, esconda sus opiniones tras una farragosa y barroca descripción de cosas y escriba largos textos, caracterizados por una permanente fuga de lo concreto. Otras veces se esconde tras algún argumento de autoridad con el que desea infundir ciega obediencia, como por ejemplo, un texto sagrado, un versículo de la Biblia.
El sabio todo lo sabe porque todo lo leyó en la Biblia. A él toda la verdad ya le fue revelada. Por eso se arroga el derecho de entresacar versículos y enrostrarlos.
Nada más ilegítimo para un pensador que camuflar su pensamiento con textos de carácter sagrados (la moral cristiana deriva de dogmas y no de la crítica ni el dialogo).
El sabio  es poco desprendido de su opinión. Cuando esto ocurre (fenómeno muy frecuente) es que el sabio desea que su idea se perciba como corolario divino. Quiere que sus opiniones sean recibidas como algo que está por encima de las finitas valoraciones humanas. Persigue darle a sus ideas la cualidad de inmutables y, al mismo tiempo, que se le tenga a él, por obra de sus sanctas opiniones como “Atalaya de  la Comarca”
La manía de juzgarlo todo a través de la moral ha sido llamada por un filósofo hispano, “la moral para criadas o imperialismo moral”: Los acólitos de esta moral magnifican todo lo habido y por haber. Para ellos el precio del petróleo fluctúa por culpa de la mala ética; la polución ambiental no tiene otra explicación que no sea moral y, así, el transporte público,  ya no funcionará sin una adecuada reflexión moral. 
La moral para criadas, cual hiedra, lo va cubriendo todo; por lo menos en el plano de la verborrea ideológica. Para estos moralistas ya no habrá ni política, ni sentido común, ni derecho, sino solo moral. Al no poder ver otra cosa que moral y ética, son incapaces de llamar las cosas por su nombre (¿por cierto,  qué gracia tiene decir “caja fúnebre” en lugar de urna?).
De acuerdo con la lógica panmoralista, un criminal no sería un justiciable sino un inmoral; un  político embustero y embaucador no podría llamarse demagogo sino un antiético y, el abstencionista que optó por  no salir a sufragar, se calificará de “amoral”.
El imperialista moral no reconoce la existencia de valores más allá de la ética. No obstante, por respeto al genio kantiano, le recuerdo,  sabio, que los valores de “La razón Práctica” son los de  La ética, la  política y el derecho
El sabio moralista olvidó que la ética no va mejor para juzgar la conducta del otro sino la propia. Juzgar  todas las conductas con pretendidos argumentos éticos es, a lo sumo, prejuicio, puritanismo o chismorreo, pero jamás ética; la ética como el suicidio va mejor para resolverle problemas a uno mismo.
La única critica que, en primera y última  instancia es un acto moral, es la autocrítica. La crítica, a secas, no necesita contaminarse de moralina.  ¡Oyó!
EL BANCO INDUSTRIAL DE SAN FELIPE Y GUAMA
Y PDVAL DE CHIVACOA: DOS ABUSOS
Samuel López Castillo[i]
No son suficientes ni el parlamento, ni la constitución ni las leyes
para que las democracias funcionen: tiene que haber al mismo
tiempo, ciudadanos dispuestos a hacer suya la cultura
Democrática
Victoria Camps.  Paradojas del Individualismo[ii].

U
n imperativo de Enmanuel Kant me retumba en las sienes a cada momento y me traslada de inmediato a Ernesto Sábato. La frase recordada es “Que cada quien cumpla con su deber aunque los demás no lo hagan”. Por lo que respecta al autor del Túnel el martilleo es como sigue: “La primera tragedia que debe ser urgentemente reparada es la desvalorización de sí mismo que siente el hombre y que conforma el paso previo al sometimiento y la masificación [iii]. Que cuál es el deber concretamente. Me refiero al deber de denunciar; consecuencia misma de lo que la política a la sazón llama contraloría social y que yo conozco desde Maricastaña como crítica. Entremos en liza:
EL BANCO INDUSTRIAL DE VENEZUELA  de  San Felipe y Guama desde hace algún tiempo se ha dado a la tarea de retener el dinero de nosotros los trabajadores que recibimos el pago del salario a través suyo. Arguyen cosas como estas: “No ha llegado la remesa”, “el banco no cancela esa cantidad, sino hasta…”, entre otras razones.
No me da la gana de especular, sólo voy a decir que los interventores no pueden jugar con el salario de la gente y menos cuando el patrón ha depositado dinero en ese banco con el único fin de pagarlo a los trabajadores. Esta arbitrariedad debe ser conocida por el Ministerio del Poder Popular para Interior y Justicia a fin de que articule una solución inmediata, por lo que respecta a los trabajadores de registros y notarias, pues el banco, mediante esta amable vía de hecho nos embarga o retiene el salario de manera ilegal. Justicia es decir que, mientras  estuvo William (Chicote) Garrido en la presidencia el banco, estas lindezas no ocurrían, amén de que gracias a él la “Atenas de Yaracuy” tiene su primera oficina bancaria.
PDVAL de la Avenida Industrial de Chivacoa, es tu turno. Esta denuncia la quise corroborar y fue así como me dirigí a esa “Zona en el Tiempo”, al Pdval de la tierra de José Parra. Antes, mi tío Alexi me había alentado a ir  hasta allá con el gancho de que ahí vendían de todo.
Recibidas las denuncia, tenía sobre la institución dos opiniones contrastantes y no quería irme de bruces. Cogí el paquete de un kilo de azúcar (había de sobra) y me dirigí a pagar. El de la caja me dijo que tenía que comprar dos (2) kilos y que además tenía que llevar un kilo de sal y uno de arroz. Protesté sin éxito, De nada me sirvió el memorial de agravios de la hipertensión arterial familiar relatado. Tuve que comprar sal y arroz que no necesitaba y un kilo más de azúcar. Qué tal?
Si a estos señores le dieran un cursito de eso que los sicólogos llaman “pensamiento colateral”, tal vez supieran que no todo el mundo come  sal, que no todos los salaos comen salado.
Desvalorizados por la necesidad desembocamos sin deseos en otra suerte de consumismo.
No obstante, conozco en la “Zona en el tiempo” en extraordinario dirigente social adscrito al Indepabis; se llama Asdrúbal Rumbos, si no yerro. Me conformaría con enterarme de que el proactivo y honesto Asdrúbal Rumbos los visitara; Así nos ahorraríamos el oprobioso espectáculo de ver salir del Pdval a tanta gente con una bolsa llena de imposiciones azucaradas, o la carga adicional de comparecer ante la Superintendencia de Bancos, el Indepabis o los tribunales.


[i] Abogado (UC)
[ii] Edit. Critica.Barcelona.1999
[iii] La  Resistencia. Edit. Seix Barral.20