domingo, 17 de febrero de 2019

La Fabulación Freudiana

Por: Samuel López Castillo
17 de febrero de 2019


La Fabulación Freudiana

A Juan Nuño.


     Con 7 años de atraso leo, en formato de papel, el libro  de Michel Onfray sobre la obra de Freud,  el “Padre del psicoanálisis”. Se trata de una excelente traducción del   idioma francés al español acometida por Horacio Pons de la obra ‘Le crepuscule d’une idole. L’affabulation freudiannne’, publicado por  Bernard Grasset bajo el sello editorial de Èditions Grasset & Fasquele de 2010. La primera edición  española de 2011, objeto de esta reseña, es Onfray M.(2011). Freud. El crepúsculo de un ídolo. Madrid: Taurus. Libro que causó una gran polémica en Francia, no así en nuestro medio donde  la magritud intelectual se suma a  la falta de divisas y al acoso a la cultura de los variados misomusos (Hago aquí el homenaje expreso a Milan Kundera).

Antes leí con verdadera fruición algunas de sus obras, como el Antimanual de filosofía, el Tratado de ateología, La fuerza de existir,  La razón del gourmet;  de su monumental Contrahistoria de la Filosofía los libros: Cinismos, Las sabidurías de la antigüedad, El cristianismo hedonista, Los libertinos barrocos, Los ultras de las luces; así como también, La inocencia del devenir, El sueno de Eichmann,  Teoría del Viaje y   Nietzsche. 

Onfray, con cerca de 100 obras publicadas, es hoy uno de los filósofos franceses más populares, leídos y traducidos de los  últimos años. Sus libros han sido traducidos a una treintena de idiomas y gustan mucho por su peculiar filón critico, su reivindicación del hedonismo, su  afán por la justicia en el plano de la historia filosófica, sin concesiones a la academia ni  a la corrección política; por su constatación de las taras del mundo de hoy, las mismas que aquejan por igual al cine y a la filosofía.


Su filosofía no pierde tiempo en las abstracciones que han  sido el lastre de la filosofía de los últimos 2.000 años. Se ha empeñado en practicar una filosofía vindicativa de la vida, útil a ella. Su labor no se ha quedado ahí: su trabajo por más de 20 años como profesor de filosofía en secundaria le inspiro a fundar la Universidad Popular de Caen, donde practica las prédicas de  sus libros: un pensamiento cercano a la realidad del mundo, de la gente, de los hombres, refutando la incensación, la verbosidad generalizada, el solipsismo, el autismo de autor, el bandidaje.  Su obra temprana ha recibido los siguientes premios : Prix de la Fundation Del Duca, Prix Liberté Littéraire, Prix Médicis.

Su método de estudio según sus propias palabras es muy sencillo y consiste en una lectura de la obra completa in extenso de un autor. Para escribir este libro Onfray leyó en orden cronológico 10.000  folios, entre los que  cuentan las  obras completas de Freud, publicadas  por Presses Universitaire de France,1989-2010. Exploró la correspondencia esencial. A ellas sumó la lectura  de las biografías útiles para ordenar el conjunto, contextualizar las producciones intelectuales en la vida del autor, de su familia, de su época, de su tiempo. Se aplico, ademas al estudio de los historiadores críticos, siempre rechazados por los guardianes de la leyenda freudiana, quienes acusaban a los primeros de ser revisionistas, antisemitas y de un tufillo a camaradería con la extrema derecha. 

En este método Onfray nos aclara su rechazo de la técnica estructuralista “que celebra la religión del texto sin contexto y aborda la página a la manera de un pergamino redactado por un puro espíritu”.  Aclara: Escribo una historia nietzscheana de la filosofía con la preocupación siempre puesta en el discurso del método que constituye a mi juicio el prefacio de la Gaya Ciencia… El disfraz inconsciente de las necesidades filosóficas, bajo el pretexto de la objetividad, de la idea, de la pura intelectualidad, es capaz de tomar proporciones pavorosas, y más de una vez  me he preguntado  si, a fin de cuentas,  la historia no habrá  consistido  decididamente en una  exégesis del cuerpo y un malentendido del cuerpo”. (en cursiva en el original).

Onfray se propone en esta obra una historia nietzscheana de Freud, del freudismo y del psicoanálisis. Persigue historiar el disfraz freudiano de ese inconsciente como doctrina: la transformación de de los instintos y de las necesidades fisiológicas de un hombre en la doctrina que sedujo a una civilización: develar los mecanismos de fabulación  que permitieron a Freud  presentar objetiva, científicamente, el contenido muy subjetivo de su propia autobiografía; se propone  el esbozo de una exégesis del cuerpo freudiano.  En fin, se propone reiterar el gesto del  Tratado de ateología  con un material llamado psicoanálisis.

Onfray afirma en el prefacio  que su descubrimiento  de los historiadores críticos del freudismo, que siempre  dijeron la verdad, fue una verdadera revelación para él al poder comprobar que los denuestos que recibieran en los que se los tildaba de revisionistas, antisemitas o de derechistas extremos eran todos falsos. Es precisamente de las tesis de  esos historiadores críticos  de donde salen algunas de las tesis principales de esta obra, tales como:  que Freud mintió mucho, disfrazó, trabajó en su propia leyenda; que destruyó correspondencia, una actividad primero practicada en vida por sus discípulos y su hija, y luego retomada y desarrollada  con mayor amplitud por los suyos hasta el día de hoy; que buscó desaparecer cartas, en especial las de su correspondencia con Fliess, que muestran a un Freud adepto  a teorías extravagantes, desde la numerología al ocultismo, pasando por la telepatía; que esos intercambios epistolares fueron expurgados, redactados conforme a la leyenda y difundidos durante años solo en su versión hagiográfica; que con desprecio de la historia y los historiadores sus turiferarios mantienen un implacable embargo sobre  una ingente cantidad de archivos, inaccesibles por ello al publico y   vedados a los historiadores hasta fechas extravagantes como 2.057. 

De esos historiadores crítico se constata que Freud falsifica resultados, inventa pacientes,  pretende apoyar sus descubrimientos en casos clínicos inenhallables, destruye las pruebas  de sus falsificaciones; que sus teorías sobre la cocaína, otrora defendidas con fuerza, fueron  invalidadas públicamente por científicos. A esto se agrega que los  historiadores críticos dieran cuenta de que Freud no curó a los  pacientes que  figuran en sus obras como casos modélicos de la cura psicoanalítica y, de que organiza el mito de la invención solitaria del Psicoanálisis, cuando en verdad fue un gran lector, un prestatario oportunista  de autores hoy desconocidos; que hizo pasar por suyos  aquellos descubrimientos de obscuros científicos; que  al contrario de la  leyenda hagiográfica  hay una  genealogía histórica y libresca del pensamiento de Freud, pero que desde el comienzo  hasta hoy se hizo cuanto fue menester para evitar  una lectura histórica de la génesis de su obra.

Que cuál es la tesis del libro? El mismo autor nos ahorra el esfuerzo: “El psicoanálisis — ésa es la tesis de  este libro— es una disciplina verdadera y justa solo en lo concerniente a Freud, y a nadie más. Los conceptos de la inmensa saga freudiana  le sirven ante todo para pensar su propia vida, poner orden en su existencia: la criptomnesia, el autoanálisis,  la interpretación de los sueños, la indagación psicopatológica, el complejo de Edipo, la novela familiar, el recuerdo encubridor, la horda primordial, el asesinato del padre, la etiología sexual de las neurosis,  y la sublimación  constituyen, entre otros muchos, otros tantos momentos teórico directamente autobiográficos. Que el freudismo es, como el spinozismo, o el nietzscheanismo, el platonismo o el cartesianismo, el agustinismo o el kantismo una visión privada del mundo de pretensión universal. Que el psicoanálisis constituye la  autobiografía de un hombre que se inventa un mundo para vivir con sus fantasmas, como cualquier otro filósofo. El psicoanálisis es una disciplina que pertenece al ámbito de la psicología literaria, procede de la autobiografía de su inventor y funciona a las mil maravillas  para comprenderlo a él y solo a él.

El libro está constituido por  un epígrafe de  Friedrich Nietzsche, extraído de Más allá del bien y del mal, que lo encabeza y que nos recuerda que es frecuente  en los filósofos echar mano de su falta de probidad para el fundamento de sus cuestiones. le siguen una dedicatoria a Diógenes de Sinope, filósofo fundamental en el existenciario onfrayano y uno de los “faros” de sus especulaciones filosóficas. El cuerpo  del libro esta formado por  un prefacio, 5 partes, una conclusión, un cuerpo bibliográfico y  un índice de autores y conceptos. El prefacio lleva por titulo “El salón de las postales freudianas”. en  el que  el philosophe relata la manera como conoció a Freud, resalta las principales postales freudianas, que según él, son los cliché que se han perpetuado hasta ahora y frente a los cuales propone 10 contracliché o contrapostales.  Manifiesta la tesis del libro y sus propósitos, expresa su métodos y la forma en que ha dispuesto el material que le permite escribir la obra.  Cada una de las cinco partes del libro esta constituida por una  tesis que expresamente es indicada y desarrollada en un promedio de cinco particulares.  Esas tesis son las siguientes: Tesis 1. El psicoanálisis reniega de la filosofía  pero es en sí mismo una filosofía.  Tesis 2:  El Psicoanálisis no supone una ciencia sino una  autobiografía filosófica. Tesis 3: El psicoanálisis no es un continuo científico sino un revoltijo existencial. Tesis 4:  La técnica psicoanalítica participa del pensamiento mágico. Tesis 5: el psicoanálisis  no es liberal sino conservador. 

La Tesis 1 está desarrollada en  5 particulares, el primer particular que se llama “prender fuego a los biógrafos” en el que Onfray nos presenta un Freud ambicioso, calculador, a un falsario sobre su propia biografía: el constructor de su propia hagiografía y de una guardia pretoriana  encargada de cuidarla post mortem y por largo tiempo. El resto de las tesis están deliciosamente desarrolladas y mantienen una  constante relación argumentativa que  permiten al lector  estudioso y exigente formarse una idea de cuán posible es colocar en el lugar preciso de la Historia a los  íconos culturales de nuestro pasado reciente, muy a pesar  de los  muchos guardianes interesados o ingenuos.

He dedicado esta reseña a Juan Nuño. No creo haberme equivocado cuando afirmara que este es un libro que a Nuño le hubiera gustado escribir. Se puede estar de acuerdo o no con las tesis de Onfray, que por demás están sistemática  y rigurosamente desarrolladas, pero lo que no puede dejar de afirmarse es que se trata de una lectura apasionante, ligera, directa. La misma rigurosidad hace que escasee el frecuente lirismo presente en sus obras; falencia que no le resta méritos porque si algo sabe Onfray es escribir deliciosamente. Hay un detalle importante que no sabría decir si es suerte o acción deliberada pero es que Onfray tiene la dicha de caer en manos de excelentes traductores, al contrario de Milan Kundera que ha pasado media vida corrigiendo los gazapos de los traductores. El libro es ciertamente muy recomendable. Me atrevo a  afirmar que es el libro más interesante que hasta ahora ha escrito el autor, superando en fascinación al Tratado de ateología.

El amable lector sabe de antemano que la fabulación, cuando no tiene propósito literario,  es producto de una enfermedad mental o de la mala fe. Es lícito que piense que el título en español de la obra ha sido suavizado y que en nuestro idioma la polémica será proclive a bajar la tesitura.


sábado, 29 de abril de 2017

Usuraria

Usuraria

“…es preferible que un hombre tiranice su saldo en el banco
que a sus conciudadanos…”
Keynes, Jhon  Maynard, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero

La víctima es  siempre la misma: el ciudadano alcanzado de dinero, algo así como casi todo el mundo. Ante la disfuncionalidad ya legendaria del sistema bancario y la cada vez más acuciante necesidad de dinero efectivo, los sanfelipeños  han optado por recurrir a la  miríada de usureros que hoy pueblan la ciudad.
Están por todos lados y, como el mar son maestros del simulacro. Montan negocios fachadas o convierten  empresas en meras fachadas: un paraban de escasos artículos de primera necesidad  es el anzuelo, el fuero atrayente que avisa al atribulado prestatario que  allí  le rasparan la tarjeta por la módica suma del 10%.  En otros casos es la fila de desesperados tostándose al sol la que avisa.
No son los prestamistas tradicionales a quienes firmabas un papel traspasando tu casa por un préstamo, no.  Es el amable chino del  conocido almacén que en un rapto de lucidez comercial descubrió un día  que cobrar un porcentaje era mejor negocio que reponer el inventario de los víveres.  Se trata del amable carnicero  que además de venderte   el solomo te evita el tedio de invertir todo el día en la cola DE UN BANCO  que se resiste a reconocer que el dinero que tienes en tu cuenta  es tuyo. También está el panadero, alternando las escasas  hornadas con el  raspado de tarjetas de debito. El señor N., el más honesto de mis vecinos, tiene un negocio de lubricantes de  vehículos en el que raspa sus porcentajes para terminar de cuadrar la caja.
Hay también el  establecimiento sin nombre, sin enseña comercial, sin la cartelera aquella donde  se rinde culto criollo al burocratismo junto al RIF; expende a través de una rejilla metálica rodeado del caos  que forman variados víveres señuelos;  te cobra tu % y acto seguido te “obsequia” un par de caramelos y un par de bendiciones. La dueña de la  frutería te sacará del aprieto aunque no le compres fruta alguna. El árabe de la nueva panadería, en las antípodas del Corán, decide aplicar la ley de la artillería más pesada; sólo te raspará la TDD si le pagas el 12%
La ciudad no encubre sus asuntos monetarios. Los fines de semana las filas de los raspadores compiten en  tamaño  con las de los cazadores de carbohidratos. El raspeo ya no se disimula. El dinero ya no tiene la magia del viejo tabú que C.G. Jung le atribuía a las sociedades europeas.
Nuevas e insospechables complejidades seguramente surgirán de estas relaciones dinerarias. Las ciencias sociales seguramente harán lo propio y nos explicarán, seguramente, que en una pequeña ciudad de provincia, el terrible pecado de la codicia ha sido felizmente transformado en ideología de éxito o, cuando menos, en un negocio cualquiera; en la menudencia que los bancos  no quieren asumir.
La dueña de la  tienda de computadoras accede a rasparme la tarjeta, no sin antes sermonearme con el cuento  de  su honestidad inmarcesible; me presta cinco mil y me cobra ochocientos; doy las gracias

Pero ¿de dónde viene el vil metal de los especuladores?

San Felipe, Yaracuy, 2017

sábado, 8 de octubre de 2011

INTERVENCION ILEGITIMA Y ALLANAMIENTO ILEGAL DE UNA UNIVERSIDAD EXPERIMENTAL Y AUTONOMA EN NOMBRE DE LA REVOLUCION


Cronistas de la UNEY se pronuncian
Quienes suscribimos, integrantes de la 1era, 2da y 3era cohorte del Diplomado Gilberto Antolínez para la Formación de Cronistas que ofrece la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (UNEY) en convenio con la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, frente a las agresiones de las cuales viene siendo objeto esta universidad a partir de la resolución publicada en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N° 39.748 emanada del Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria (MPPEU), queremos hacer pública nuestra manifestación de rechazo por la antidemocrática y antijurídica decisión que defenestra a sus legítimas autoridades y menoscaba el proyecto novedoso que desde esta casa de estudios se viene desarrollando, afectando a toda su comunidad universitaria. En virtud de ello:
·          Condenamos la violación de la autonomía universitaria, gravemente agredida por  la vulneración arbitraria y flagrante de las leyes y reglamentos que la rigen. Igualmente condenamos la violación del principio constitucional de inviolabilidad del recinto universitario con el allanamiento de la sede de la UNEY por la policía del estado Yaracuy el martes 27 de septiembre del 2011.
·          Aclaramos enfáticamente que el carácter experimental de la UNEY no significa que esta casa de estudios carezca de autonomía.  La UNEY es una universidad experimental y autónoma de acuerdo a la interpretación del artículo 109 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela  y el artículo  34 de la Ley Orgánica de Educación.
·          Rechazamos la presencia de grupos intimidatorios que intentaron  generar provocaciones, amedrentamientos, hostigamientos y perturbar la paz universitaria los días 27 y 28 de septiembre del 2011.
·          Respaldamos enérgicamente la actitud valiente de nuestros compañeros estudiantes de la UNEY, quienes han permanecido firmes en su lucha por el respeto de la autonomía universitaria, sin interrumpir sus actividades, al desarrollar y mostrar una lucha pacífica acorde con el proyecto humanista de la UNEY. Lucha que marca un precedente en las formas de protesta en las universidades del país, a través de la creación artística y la integración comunitarias.  
·          Aclaramos a la colectividad en general que la designación de autoridades en la UNEY, en la actualidad, se rige por sus estatutos, excluyendo la posibilidad del libre nombramiento y remoción; por lo que la resolución ministerial que nombra nuevas autoridades en esta casa de estudios ha sido dictada extralimitándose en sus competencias legales.
·          Exhortamos a la rectificación de la resolución ministerial y a la aplicación de una política de diálogo que fortalezca el desarrollo de nuestra universidad en vinculación con las demás casas de estudio y la comunidad en general, sin lo cual es imposible la consolidación de la democracia participativa y protagónica consagrada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

      En San Felipe, estado Yaracuy,  a los siete días del mes de octubre de 2011

Firmas en depósito.
  
Es auténtico

Pedro Parés Freites
C.I.  5.155.788
CNP 11.080
Cronista

sábado, 28 de mayo de 2011


ABOGADOS BÁRBAROS
Por Samuel López Castillo

Y unos vinieron desde las fronteras
y dijeron que los bárbaros ya no existen.
Y ahora qué será de nosotros sin los bárbaros.
Esos hombres eran una suerte de  solución.
Constantino Cavafis.

“Ya no esperamos  a los bárbaros”
Rafael Cadenas.


En los últimos días hemos visto como la prensa regional ha recogido las quejas, denuncias, y reclamos de algunos abogados de nuestro estado que señalan a la Jueza Rectora y Presidenta el Circuito Judicial Penal de varios ilícitos. Esta resistencia, si nos atenemos a los meros formalismos jurídicos, debería ser cosa normal en el mundo de hoy, sobre todo en países como el nuestro que cuentan con una constitución llena de pomposas declaraciones relativas a los derechos humanos. Pero no es así.

Que un grupo de abogados denuncie públicamente supuestos atropellos personales y laborales, perpetrados por quienes están encargados de hacer cumplir la ley, es un hecho noticioso en varios sentidos, pero no preponderantemente por el contrasentido que ello implica. Lo es fundamentalmente, porque la conducta normal del ciudadano frente al atropello es el silencio, es la costumbre de aguantar callado. La conducta usual es “eso no es conmigo”. La indolencia se ha apoderado de las sociedades actuales, convirtiéndose en regla de etiqueta.

La perspicacia de Adolfo Bioy Casares (Descanso de Caminantes. Editorial Sudamericana Señales.2 001) dio cuenta de ello en brevedades escritas entre 1 973 y 1 975, de este modo:

“Beneficio de la duda. Oído en la lavandería:
-Siguen matando, matando.
-¿Qué me dice? Una pobre vieja de setenta años, sentada a la puerta de su casa, en la calle San Pedrito, acribillada a balazos desde un Fiat 128 azul oscuro. Una barbaridad.
--¿Barbaridad? Quién sabe. Si la mataron en algo habrá andado la viejita”.

El ciudadano íntegro, el que defiende la Razón Jurídica, es hoy día un ser raro, un verdadero bárbaro, un extraño en su propio medio, en el que conviven, la ritual hipocresía del Manual de Carreño y variados microfascismos, sólo en apariencia enfrentados.

El bárbaro, ese hombre solo que está dispuesto a hacer cumplir la ley, en ocasiones es más incómodo que el revolucionario o el reaccionario. Su perturbación estriba en empecinarse en querer hacer cumplir el imperio del derecho y la justicia de la sociedad en la que cree, mientras que esa misma sociedad, le da la espalda a sus propias leyes y se abandona a la indolencia, al oportunismo o la utopía, manteniendo su lenguaje esquizoide de “igualdad ante la ley”, “derechos humanos”, y de afirmación del pensamiento ilustrado.

Cada vez que vemos al poderoso violar los derechos de un ciudadano, la mayoría sólo busca excusas para defender al Orden, al Poder: “la botaron, pobrecita; pero por algo sería”. Por eso son necesarios los Bárbaros; porque éstos están convencidos de que su rol no es ponerse del lado de quienes detentan el poder, sino de quienes lo sufren.

La existencia del ciudadano raro, bárbaro, es descrita por el poeta Luis García Montero (Inquietudes Bárbaras. Anagrama.2008) así:
“la razón ilustrada está en carne viva, y el ciudadano occidental que se empeña en vivir de acuerdo con los valores de la razón es observado como un extraño, como se suele mirar a los negros en tierra de blancos. Lo peor es que poco a poco él mismo se va sintiendo extraño, con miedo a molestar, a romper el consenso. La vida en los márgenes resulta muy dura para el que está educado en la voluntad social, con deseo de intervenir en las conversaciones, ser útil y comportarse de manera fraternal. Queda el recurso ético de afirmar la propia consciencia y los valores de la sociedad escrupulosa. Pero esta declaración íntima, que brota con dignidad por un momento de los labios, hay que confrontarla luego con el paso de los días, con las fiestas a la que uno no se siente invitado, con la inevitable susceptibilidad del que soporta una realidad difícil, con el oleaje de las incomprensiones, las dudas, el sentimiento de fracaso. Uno acaba interiorizando la condición de barbarie...El ciudadano ilustrado es hoy el verdadero bárbaro, se ha quedado fuera de la ciudad por mantener un deseo extemporáneo de urbanidad. Si se mira en el espejo descubre en el fondo de sus ojos un mar revuelto por inquietudes bárbaras. Defender la razón ilustrada es hoy una manía lunática”.

Hoy, cuando algunos abogados protestan para hacer respetar su dignidad, es cosa que hay que valorar, pues eso demuestra la existencia de abogados ciudadanos. Hay que celebrar que todavía existan estos bárbaros. Este es el verdadero hecho noticioso, que se le ha escapado al silencio cómplice imperante.

Las inquietudes bárbaras de Cecilia, Marbella, Yuli, Jessica, Fernando y Lucio, entre otros, probablemente no logren cambios sustanciales en el foro yaracuyano, pero se habrá cumplido con el deber y, es evidencia de que la incuria comienza a salir del gremio de abogados, que ya es bastante.
samuellopez33@gmail.com/cronicasyaracuyanas.blogspot.com

Crónicas de Juan Topocho
MARIATEGUI Vs. NUEVOS ABOGADOS
Samuel López Castillo

La prensa local informó al lector las últimas ejecutorias del Colegio de Abogados del Estado Yaracuy en el año 2 010. Se destacó entre ellas la juramentación de trescientos nuevos profesionales del derecho, egresados de varias universidades y, preponderantemente, de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV).
Muchos comentarios se tejieron en torno de esta carrera desde su implantación por la también novísima Universidad Bolivariana. Desde que los egresados iban a ser auxiliares de los abogados hasta el infundio de que la junta directiva actual del colegio se iba negar a inscribirlos. Estos comentarios generaron a su vez que los mismos estudiantes hicieran los suyos; de los cuales hasta surgió la idea de que crearían un colectivo de abogados bolivarianos paralelo al Colegio de Abogados. Todas estas diatribas están hoy superadas con la noticia de su inscripción e incorporación en el Colegio de Abogados del Estado Yaracuy, a la que se sumaran quinientos nuevos abogados acaba de graduar la Universidad Bolivariana, en Yaracuy. Pero su tarea no puede quedar ahí; los nuevos abogados deben actuar; es decir; hoy cuando varios gremios se proclaman revolucionarios, el compromiso no es entrar en uno de ellos, sino tratar de clarificar los conceptos, para a la vez precisar la posición y tratar de influir en los diferentes gremios revolucionarios.
Los estudios jurídicos siempre ha tenidos múltiples enemigos. Sus detractores se cuentan por legión. Cuando empecé a estudiar derecho en la universidad de Carabobo, agoreros, maledicentes y envidiosos, nos decían que nos íbamos a morir de hambre por la sencilla razón dizque en Venezuela había muchos abogados. Nos perturbaron disuasores de toda ralea, desde falsos líderes universitarios hasta los llamados profesores filtros.
Al contrario de lo que opinaba el gran José Carlos Mariátegui, yo sí creo que en el socialismo es necesaria la formación (insisto en la palabreja formación) de muchos abogados. Mariátegui que fue un genio en muchas cosas (recuérdese sus “Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana” y su idea del socialismo al estilo latinoamericano) les tenía ojeriza a los abogados y privilegiaba la formación de médicos, educadores e ingenieros a la de los hombres de leyes. Recuérdese que, a pesar de la admiración de Mariátegui por Trotsky, mayor fue su adhesión a las ideas de Stalin).
Es obvio que el mundo de hoy no es el de Mariátegui. Lo cito principalmente porque su argumento no me parece concluyente; se trata de un apriorismo que la existencia sola de la carrera de derecho de la Universidad Bolivariana, en nuestro medio, al menos, comienza a desmentir. Mariátegui utiliza un argumento de autoridad para decretar el carácter reaccionario de los hombres de leyes, parafraseando citas de Marx y Engels, sin parar mientes en la tradición conservadora de maestros y médicos, de donde, precisamente se destila el término “notable”.
Decir que los estudiantes de derecho son generalmente los más reaccionarios y que el abogado es ante todo un funcionario al servicio de la propiedad, pudiera ser una constatación, del eminente ensayista, muy particular de la realidad peruana, pero extenderla a todos los tiempos y lugares es una odiosa exageración. Me parece más bien que el pensamiento autoritario siempre ha sido enemigo de la popularización de los estudios de derecho. En mi opinión el derecho no está destinado per se a ser un obstáculo al cambio social (un breve artículo de prensa publicado por nuestro Jusfilósoso José Manuel Delgado Ocando, fue en mi opinión, el ábrete sésamo de la última Constituyente en Venezuela). Que me disculpen quienes todavía avalen la opinión del insigne peruano pero me cuento entre los que opinan que el abogado es ante todo un humanista que debe hacer causa común con la misión de la universidad, que en palabras de García Bacca, es preservar la sanidad mental de las personas. Citemos al eminente peruano a fin de constatar que la añeja ojeriza
“…Desde Marx y Engels está constatada la resistencia reaccionaria de los hombres de leyes a estas ideas. El abogado es, ante todo, un funcionario al servicio de la propiedad. Y la abogacía, por razones pragmáticas, se comporta como una profesión conservadora. Este es un hecho que se observa a partir de la Universidad. Los estudiantes de Derecho son, generalmente, los más reaccionarios. Los de Pedagogía constituyen el sector más avanzado. Los de Medicina, menos proclives, por su práctica científica, a la meditación política, no tienen otros motivos de reserva o abstención que los sentimientos heredados de su ambiente familiar. Mas la Medicina como la Pedagogía no temen absolutamente al socialismo. Quienes las ejercen, saben que un régimen socialista, si algo supone respecto al porvenir de estas profesiones, es su utilización más intensa y extensa. El Estado socialista no ha menester, para su funcionamiento, de muchos hombres de leyes; pero, en cambio, ha menester de muchos médicos y de muchos educadores. Los ingenieros, por las mismas razones, cuentan igualmente con su favor…”.JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI. SIGNOS y OBRAS. “BIBLIOTECA AMAUTA”.LIMA-PERÚ. Pág. 143.

Pareciera que el ensayista prefería profesionales refractarios al pensamiento político. Sabía que el abogado era el profesional formados en el estudio del Estado y sus instituciones, en la teoría y práctica del poder, nada alentador para un stalinista.

miércoles, 2 de febrero de 2011

MORIR BUSCANDO LA VIDA

Desde Barcelona. Luego de 15 días de búsqueda
la familia del mecánico Luis Edgardo Ávila, de 31
años de edad, localizó el cadáver en la morgue.
Hace dos meses llegó de Barcelona, Anzoátegui
en busca de trabajo.


Cómo va uno a saber cuándo es que le toca. Y además, en caso de saber qué haría uno para evadirse. Bueno, lo cierto es que cuando me dirigí a Caracas yo no sabía que me dirigía a la Sucursal del Cielo. A mi muerte. Yo iba alegre. Salí de Barcelona en la madrugada. El día prometía ser fresco y a lo lejos podía oírse un escándalo de alcaravanes que en otros tiempos hubiera sugerido augurios. Hoy, el canto del alcaraván a muy pocos dice algo. A mí las aves me habrían tenido sin cuidado, sino fuera por el vuelo geométrico de los patos que descubrí en mi niñez. La brisa golpeaba agradablemente mi cara y mi vecino de asiento escuchaba una leyenda en su radio. Atrás había dejado mi mala suerte, pensé, una novia linda, un viaje de amigos tomadores y buena gente. No digo que dejaba atrás a mi familia porque uno de la familia no se desprende nunca, como tampoco se desprende de los aromas de la comida de la niñez, ni de los recuerdos gratos que marcan las primeras edades: ¡Cuídate mucho, pelón!, me dijeron los panas al despedirme. Les prometí volver de vez en cuando a tomarnos las cervecitas y a comer sancocho de pescado; nuestra rutina de fin de semana. Les advertí que si había sobrevivido a la inseguridad de Anzoátegui también lo haría en Caracas, que según los periódicos es casi igual.
La novia que dejé era linda. He visto mujeres de muchos países en el ferry de Puerto la Cruz. Fui yo el que la dejó, porque mi propósito era hacer una nueva vida y ella no lo aceptó ¡Estás loco!, me dijo. Ella, seguramente me recordará y a lo mejor asistirá a mi entierro y llorará y dirá que fui un hombre bueno. Lo más seguro es que le diga a mi familia: “vieron que él no andaba conmigo”.
Mi familia me buscó por quince días. Cuando uno desaparece, la familia, por aquello de mente positiva y porque nombrar lo malo es pavoso, lo primero que piensan es que uno está durmiendo en los brazos de una caraja y te buscan es después del tercer día.
Lo cierto es que las cosas no iban bien para la mecánica en Barcelona. Caracas me prometía algo diferente. Caracas da la sensación de que tiene más carros que gente, lo que me hizo creer que faltarían mecánicos. Hace dos meses, envalentonado por los avisos clasificados que solicitaban mecánicos de experiencia, cansado de esa peladera de bolas, agarré mi certificado del INCE y me vine a Caracas a buscar la vida como mecánico y lo conseguí.
Siempre he sido salado. El primer aviso de mala leche me lo dio el corazón saliendo de Barcelona. Los policía nos mandaron a bajar y uno se enamoró de mí. Me dijo que yo me parecía a “Caremuerto”; me empavó. Al rato el autobús iba chocando y casi nos desbarrancamos. Pegué la frente al hierro carcomido del asiento delantero.
Tenía mes y medio trabajando y cada vez que cobraba sentía que me observaban. Una vez en Caracas no tuve tranquilidad alguna. Si uno pudiera elegir cómo morirse yo hubiera elegido otro fin. Eso de ser perseguido por varias personas para robarte es desesperante. Antes de que me mataran, cuando vi que venían detrás de mí lo primerito que se me ocurrió pensar fue: ¡ay Luis Edgardo Ávila y tanto cuero que te echaron para que asistieras a la escuela de karate del Maestro Quin- Chon-Cho! Si me hubiera graduado por lo menos de Cintaverde, a lo mejor que le paraba el trote a esos tipos y, cómo en la novelita de Eduardo Liendo, yo les daba un ratatatata, pero de patada limpia. Mientras pensaba esto ellos se acercaban. Yo no conocía bien este Barrio del 23 de Enero, llamado El Observatorio. A la gente que me topaba le hacía señas con ojos y manos para que se dieran cuenta de que me perseguían y buscaran ayuda, hasta que no hubo remedio y acabaron con mi humanidad, como dicen los periodistas de mi pueblo.
-Dame un cigarro tío, me dijo una voz. –Que sean tres, dijo la otra, antes de que el miedo me dejara decir cualquier cosa. Que no fumaba fue mi respuesta, mientras apuraba el paso para llegar al puesto policial que estaba cerca, cuando escuché decir a la tercera voz que le entregara todo lo de valor que cargara. Me alegré al recordar que mi reloj de oro lo había dejado en Barcelona y que si me pasaba algo, mi mamá y los muchachos lo venderían o se lo entregarían al zamuro de la funeraria.
La misma voz, que en ese momento me pareció la de una de esas personas que ahora los políticos llaman adulto mayor, me dijo que haría conmigo lo mismo que hace treinta tres años hizo a Ricardito Silva en Marín, Yaracuy; a quien saliendo del Bar El Vencedor le traspasó los cachetes de una puñalada para que aprendiera a cargar dinero. Esto me hizo pensar que sobreviviría, pero la alegría de tísico no me duró mucho. Uno me quitó el dinerito que cargaba y me dijo que me fuera, que no le mirara el rostro porque me mataban. En eso la tercera voz argumentó, que desde que me venían siguiendo yo les había visto la cara. Y fue ahí que me detonaron tres veces, después de advertirme que los muertos no hablan. Pero se equivocaron. Los muertos sí hablan y la prueba soy yo.
Si el lector quisiera una prueba científica de la apasionante voz de los muertos, pudiera leerse las crónicas del antropólogo Bill Bass, en el libro Granja de Cadáveres. “Los muertos dicen muchas cosas que sólo personas especiales, con una formación y un talento especiales, tienen la paciencia de oír, pese a la agresión de los sentidos”.
Al principio no sentí dolor. Hay cosas que nunca pude soportar y son el color y el olor de la sangre. Los médicos que ocho días después practicaron mi autopsia, dijeron que había muerto de Shock hipovolémico y Hemorragia masiva. Hoy, ya muerto, sé que eso se lo colocan en todas las autopsias de tiroteados, pero sobre todo cuando uno es un muerto no reclamado por sus familiares. Pero yo me conozco. Podría jurar que morí fue de grima; esa sensación que uno reconoce como una mezcla de miedo repugnancia y desesperación. Es casi seguro (los tipos se fueron rápido) que si no fuera por esa grima a lo mejor y me salvo. Pero la grima se precipitó sobre mí o más bien surgió de mis entrañas empapada de sangre y heces.
Mi familia está pidiendo al gobierno que esclarezca mi crimen y más seguridad personal para el país, alegando que Caracas es más violenta que Afganistán y todo el Golfo Pérsico. Yo no estoy en condiciones de pedir nada, a no ser que fuese el que San Pedro me permitiera entrar al cielo. Pero no le veo la gracia ya que me mataron en la mismísima Sucursal del Cielo, que es como decir en territorio propiedad de la misma empresa. Es como cuando una persona nace en una embajada, que la ficción lo lleva a nacer en el estado al que pertenece esa embajada. Además de eso, aunque no tuve títulos de ningún tipo, tuve la suerte de leer muchos libros; los vendían en las calles de Barcelona, que eran casi que regalados. Me leí completa la colección Nietzsche que, sin derecho devolutivo, me prestó el barbero del barrio. Esos libros me convencieron de que Dios estaba muerto. Poco después leí a un poeta triste llamado Vallejo que afirmaba haber nacido un día que Dios estaba terriblemente enfermo. De modo que aunque mi familia me rece y todo lo que sigue, este muerto no tiene deseos. Un muerto no necesita lujo, ni plañideras y menos estatuas como en los tiempos anteriores a Solón. “El negocio principal de hombre es vivir y acabar de vivir de manera que la buena vida que tuvo, y la buena memoria que deja, le sean urna y epitafio”. A los muertos se les debe honrar únicamente con cuartetas; “bastan cuatro versos para recordar a un difunto”.
Los policías de Caracas, pobre gente, andan investigando mi muerte; no tienen sospechosos. Mi familia, pobre gente, qué le importa ya que agarren o no a esos tipos. Me vinieron a buscar a la Morgue de Bello Monte a fin de enterrarme en el cementerio de Barcelona. Mi sobrino Ángel, a quien seguramente le darán mis libros, que él codiciaba, le dice a mi mamá que tenga calma. Que él quiere ser como yo. Algún día él leerá esta crónica y sabrá entender que la muerte es un espectáculo tan vulgar que es preferible una versión libre de los hechos.

MARK TWAIN, REVISITADO Y CORREGIDO.

Mark Twain, revisitado y corregido


El profesor Alan Gribben se propone eliminar
el vocablo nigger de dos obras de Mark Twain
por considerarlo ofensivo para los afrodescendientes…

I
Jacques Roumain no dejaba de pensar en sus negros y así murió. Pensaba en ellos, se diría, como solía hacerlo con sus judíos el cronista Joseph Roth. Seguramente para él el negro era beautiful. No son pocos los poemas suyos en donde nos habla de sus niggers, de sus pobres negros, de sus sucios negros, que en cualquier momento, además, nos librarían a nosotros de la opresión y desamparo en que veía dividido al mundo por quienes se empeñan en sostener dicotomías y simplificaciones.

Roumain, hasta el último día de su vida, con la poesía y con su inagotable activismo reivindicativo, procuraba convencernos de que en el mundo hay más negros de lo que nos deja ver nuestra ceguera. Pensó siempre que negro era equivalente a decir desamparado, que era tanto como decir empobrecido; que ser negro era también ser un árabe de Siria, de Marruecos o Túnez. Que, asimismo, son negros los blancos huelguistas reventados de hambre, oprimidos, expoliados, despreciados. Su perspicacia le permitió extender la lista de niggers a los malayos, los indios, hindúes, judíos y proletarios. Sus negros, se dice, estaban donde se hallaban los sufridos, los sometidos, cualquiera fuera su color de piel y lugar de nacimiento.

Hoy, seguramente, serían niggers los afganos, los mexicanos que ofrendan su vida tratando de cruzar las fronteras hacia los EE UU, los gitanos reprimidos por las inhumanas legislaciones europeas

Roumain, El haitiano universal, ejemplificaba con el negro el sufrimiento de la humanidad explotada y sabía, acaso por su amplia formación, que el color de la piel no era lo determinante, que la lucha honesta debía ser por un mundo sin razas, o a lo sumo de una única raza, la raza humana.

Uno de sus poemas dice algo así:

Obrero Blanco de Detroit peón Negro de Alabama
pueblo innumerable de las galerías capitalistas
El destino nos alza hombro con hombro
y renegando de los antiguos maleficios de los tabúes de sangre
hollamos los escombros de nuestras soledades...

Como la contradicción de los rasgos
se resuelve en la armonía del rostro
proclamamos la unidad del sufrimiento
y de la rebelión
de todos los pueblos de todas las superficies de la tierra.

Ni en sus poemas ni en su narrativa se ensalza la historia del negro frente al blanco, tal como suelen hacer, aun hoy, las buenas consciencias, convencidas de que el papel aguanta todo.

II
En Alabama, hoy, se piensa de manera distinta a Roumain. El profesor Alan Gribben, un funcionario del Estado de Alabama, ha concebido la lindeza de reemplazar el vocablo nigger de las obras Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y de Las aventuras de Huckleberry Finn (1884)., escritas por Mark Twain.

El argumento de Gribben, si el cable de BBC Mundo transcrito por el Correo del Orinoco de fecha 07 de enero de 2011 no miente, es sencillo: Colocar esclavo en el lugar nigger para que las lectoras y los lectores no se sientan ofendidos, pues en opinión del profesor, nigger es un despectivo para referirse a una persona de rasgos afrodescendientes.

Alabama es un estado sureño que conformó el antiguo territorio del Estado de La Florida (así lo reporta el conquistador y cronista español Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien escribiera Naufragios, el primer libro de crónicas etnográficas de lo que hoy corresponde al territorio de los Estados Unidos) donde la población de blancos casi triplica a la de negros.

La idea de Gribben deja mucho que contar, pero les cuento que la segregación racial desapareció, formalmente, en Alabama no hace mucho, por la década de los sesenta, y que Twain, que fue un gran defensor de los desamparados escribió sus obras casi un siglo antes, en plena legalidad de la esclavitud y la segregación racial.

La obra de Twain en el pasado ha estado prohibida en los Estados Unidos, a la par que fue en un tiempo etiquetada como literatura infantil en un intento de degradarla; hoy pretenden censurarla, tal como hicieron con los Viajes de Gulliver donde la Ciudad de Laputa devino en Lupata.

Gribben, el neocensor, no está solo en el mundo; así como hay más negros de lo que se piensa, hay Gribben por todos lados y, peor aún, haciendo leyes. Según la gribbenlogía en varios países, Venezuela inclusive, no se puede decir viejo, viejito, sino adulto mayor y, seguramente adulto mayorcito. La neocensura ataviada de eufemismo hace tiempo que penetró en nuestros países de la mano de funcionarios prestos a imitar las “bellas palabras” con que la ONU suele distraer a nuestras desprevenidas inteligencias.

Sustituir nigger por esclavo, cual Gribben, es una necedad al estilo laputiense. Twain, muerto de la risa

martes, 25 de mayo de 2010

crónicas de Juan Topocho
ANDRÉS BELLO y LINO GALLARDO
COAUTORES DEL HIMNO NACIONAL

Por Samuel López
A Lisbella Páez, dedico:

Por aquí pasó Beny Moré
Más huracanado que el gloria al bravo pueblo
Nuestra pobre canción de 1811”.

Víctor Valera Mora
Del libro “Amanecí de Bala”, 1971.


A
ndrés Bello, de nuestros padres fundacionales, es el menos nombrado en esta revolución. No sólo fue el autor del primer libro escrito en Venezuela (Calendario Manual y Guía Universal de forasteros en Venezuela para el año 1810), así como de la primera gramática del Español de América (“Gramática de la lengua Castellana para el uso de Americanos”, Chile, Imprenta el Progreso, 1847), sino además, el autor de la letra de la canción que hoy se conoce como el Himno Nacional. Esta autoría fue suficientemente demostrada en Venezuela en 1987, fecha en la que el historiador de la música venezolana, Juan Calzavara publicara su ya clásico libro Historia de la Música en Venezuela (Fundación Pampero, Caracas, 1987)

No obstante, los formidables argumentos y pruebas allegadas por el historiador Calzavara, hace 23 años, se siguen repitiendo y publicándose obras, en las que se afirma, erróneamente, que la letra del Himno Nacional corresponde al Vicente Salias y la música a Juan José Landaeta. La ùltima de esas publicaciones que tengo en mis manos es un suplemento especial, en recuerdo del 19 de abril de 1810 y en el marco de la celebración del Bicentenario, encartado en el Diario “El Correo del Orinoco” denominado “Independencia revolución socialismo”, que en la página 18 contiene un trabajo con el nombre de “El Gloria al Bravo Pueblo nació como un canto de Batalla. La Música acompañó la gesta por la independencia”

Un extracto del referido escrito (que igualmente trae un CD con el mismo error de coautoría) dice “también Vicente Salias, Juan José Landaeta permanecerán en la eternidad por el Gloria al Bravo Pueblo, un canto popular entonado por quienes defendían la independencia”
Esta frase, que pronostica la eternidad a Vicente Salias y a Juan José Landaeta por la supuesta coautoría del Gloria al Bravo Pueblo”, es un goebelsismo por su carácter divinizante, pero sobre todo por su repetición mendaz: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.

El falso que atribuye a Vicente Salias y a Juan José Landaeta la coautoría del himno nacional se gestó en el gobierno de Guzmán Blanco, cuando el 25 de mayo de 1881 éste decretara, pero sin mencionar a ningún autor, que el gloria al Bravo Pueblo, se convirtiera en el Himno Nacional, como preludio de la apoteosis organizativa del centenario del natalicio del Libertador en 1883. Todo esto nos lo aclara Calzavara al comprobar que, hasta esta fecha, nadie dudaba que la música del himno perteneciera a Lino Gallardo, estableciendo, además, que el primero que sin pruebas, le atribuye la autoría de la música a Juan José Landaeta fue Salvador LLamozas.

Por lo que respecta a la autoría de letra, Calzavara demuestra con sobrados documentos que la canción fue escrita por Andrés Bello entre el 20 y el 30 de abril de 1810. El libro de Calzavara nos prueba que la versión que hoy escuchamos no es la original, sino una versión acomodada por Eduardo Calcaño, pues la original contenía los estrofas que aludían a los sucesos ocurridos en la península, a saber, la invasión de España por Napoleón, que conllevó a la deposición del Rey Fernando VII, a quienes Bello, entre otros mantuanos, habían jurado lealtad; la que se desprende, así mismo, del acta del 19 de abril de 1810. Las estrofas originales de la canción que fueran posteriormente suprimidas decían:
III “Pensaba en su trono/Que el ardid ganó/ Darnos duras leyes/ el usurpador”/ IV Previó sus cautelas/ Nuestro corazón/ Y a su inicuo fraude/ Opuso el valor” / V ¿Qué guardáis patriotas/ hijos de colon?/Marchad tras nosotros y/ Y viva la unión/ VIII Temedla tiranos/ que el orbe adoró/ Ya jura ser libre/ Ya os ve con horror

Ahora, siendo las pruebas a favor de la coautoría de Bello y Gallardo mayores y más contundentes que las existentes a favor de Salias y Landaeta, ¿Qué falta para hacer el justo reconocimiento oficial a estos patriotas?
samuellopez33@gmail.com cronicasyaracuyanas.blogspot.com.
Publicado en el DiarioYaracuy Al Día, pág. 7 de fecha 09-05-2010

miércoles, 14 de abril de 2010

crónicas de Juan Topocho
El día de la República Independiente
de Boca de Yaracuy

Por Samuel López Castillo.

“¿Qué sería de políticos, oradores y demás
charlatanes sin la recurrente palabreja “pueblo”?
Es curioso que, de quien dícese que tiene nada
menos que la voz de Dios, todos se permiten hablar
en su nombre como si fuera mudo”.
Juan Nuño. La Escuela de la Sospecha
Qué importancia tendrían una “simple provincia” o un simple Estado Federal frente a la proclamación de una “Republica Independiente”? Es curioso que, dada la preocupación que el Consejo Legislativo del Estado Yaracuy y de la Gobernación en esa ardua, noble y desinteresada tarea de de reivindicar la verdadera historia del Yaracuy, no se hayan percatado de que por allá por los años cincuenta del siglo recién consumido, una “asamblea de ciudadanos” de origen afrodescendientes, trajeados en blanco impoluto, tuvieron la feliz idea de, nada menos, que proclamar la existencia de la República Independiente de Boca de Yaracuy.
El beneficio de la duda nos informa que la sapiencia oficial regional ha tomado en cuenta todos estos aspectos históricos, pero que razones de mérito, es decir, de conveniencia y oportunidad, les ha instado a tomar los hechos con relativa calma, esto es, a seguir un plan pausado, a fin de que ni fantoches ni supuestos conocedores sin ética ni honestidad puedan arruinar la fiesta.
El gobernador y los legisladores están convencidos de que esa asamblea de ciudadanos existió y tuvo sus fundamentos, su herencia de resistencia. Todos han leído las Crónicas de Fruto Vivas al respecto. Al mismo tiempo ellos no olvidan que los sedicentes republicanos, pertenecían, además, a una minoría ancestralmente excluida, asunto que por demás refuerza la legitimidad de la empresa.
Boca de Yaracuy ha sido por mucho tiempo un territorio de nadie. Ni Carabobo, ni Yaracuy, ni Falcón quisieron ocuparse de él, al punto de que, su bien más valioso, el puente sobre el Rio Yaracuy, era, al mismo tiempo su más perfecto mecanismo presión. Según nos cuenta Fruto Vivas en el libro intitulado “Crónicas de la Rebeldía y el Saber Popular”. Edit. El Perro y la Rana. 2008, los habitantes, un buen día, decidieron tomar el puente a fin de proveerse de algunos churupos. Nos cuenta el célebre arquitecto que la carretera para Falcón, después de Puerto Cabello era toda de tierra con pasos de chalana por dos ríos, las casas del poblado eran de paja. Que cuando se acercaron a Boca de Yaracuy los lugareños, que a mí se me antojan descendientes del zambo Andresote, estaban estrenando un puente de hierro que impedía el paso con chalana.
La ya clásica definición de García Márquez, según la cual, la crónica es un cuento que es verdad, me fuerza a citar a Fruto Vivas:
“Al llegar al pueblo había una larga cola de camiones y un gran cartel que decía:
República Independiente de Boca de Yaracuy
¡Queremos un médico!
Al llegar a la cola se presentó una comisión de los habitantes toda descendiente de esclavos negros, vestidos de blanco y con sombrero, pidiendo una contribución para pagar un médico. Le preguntamos con curiosidad porqué se consideraban una república independiente y nos dijeron que fueron a la gobernación de Yaracuy a pedir un médico y los mandaron para la de Carabobo y ésta los mandó para la de Falcón. Porque cada vez que el río crece cambia de Estado.
_Entonces como no pertenecemos a ningún estado, todo el pueblo se reunió en una gran asamblea y nos declaramos en república independiente, y como lo único que tenemos es un puente, lo tomamos y cobramos por pasar para poder pagar un médico”.
Como quiera que según nuestro lugarcomunismo legislativo “la historia es madre y maestra de la vida”, esos boqueños, sin lugar a dudas, van a ocasionar que en cualquier momento Yaracuy se convierta en una nueva república, amén de que no debe olvidarse que ellos son los precursores en Venezuela de la descentralización administrativa.
¿
El único obstáculo que persiste es que el apreciado arquitecto no señala el día exacto de este trascendental hecho histórico; tarea que encomiendo al histórico Consejo Legislativo del Estado Yaracuy y, como muestra de desprendimiento, ofrezco el cuatro de octubre, fecha de mi cumpleaños, humildemente.
Yo por mi parte soy uno de los que exige la eliminación del decreto 364 del 2010.
samuellopez33@gmail.com/cronicasyaracuyanas.blogspot.com∞